me deja sin entender lo que es eterno,
pero me recuerda que es dueño y miembro de este
sentimiento, poco cuerdo.
Cuanto le quieren las aves, por unir cada
resto de semillas en sus nidos.
Por la paja que ha puesto en casas de pájaros
que necesitan de el.
Por todo su amor, que se transforma en la
mayor bendición, ¿como podría no despertar
en plenitud?
Hoy, sonríe a sus expresiones, tiene
gratas razones.
su enorme y blando
corazón, es el pilar de mi interior.
Yolanda Ma. Splendiani Villarino.
19 de marzo de 2012
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